Artículos, Ensayos, La casa — 3 octubre, 2017 at 3:42 pm

El periodismo como un eufemismo de la realidad

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El rigor académico, que muchas veces alienta el desarrollo de trabajos verdaderamente interesantes, y otras descubre caminos por los cuales hay que comenzar a andar, en procura de certezas que nos expliquen el mundo en que vivimos, ha limitado un poco las ideas de Hugo Supo. La ambición de su texto, no obstante, logra su cometido: el debate.

Referirse al periodismo en una época en la que se habla ya de su extinción (debido, principalmente, a su rentabilidad), y fijar la mirada en un asunto tan delicado y controversial, como son las relaciones que el oficio mantiene con la política y los políticos, circunscribiéndolo además en un escenario como Puno, resulta de una osadía peculiar, significativa y liberadora, que por una parte nos obliga a revisar el trabajo que los periodistas realizan cotidianamente y, por otra, nos instiga a abrir los ojos y comprender que no hay una única verdad, sino eufemismos diversos para cada situación que nos compromete. ¿O es que creemos que, por ventura, somos importantes sólo en tiempos electoreros y de crisis?

Esa es quizá la mayor virtud del primer libro de Hugo Supo Tipula, “Amor a los Chicharrones: Radio, periodismo y política en Puno” (2017, UNA): señalarnos que, más que nunca, necesitamos replantear nuestra idea del periodismo y de las informaciones políticas que a diario leemos, oímos o vemos. Porque, dígase la verdad, la brutal evolución tecnológica, sumada a la incipiente capacidad de muchos para hacer uso efectivo de ella, redunda casi siempre en la mediatización irracional de todo cuanto [nos] acontece (Sábato, 2002); y lo que es peor: que esto ocurra en un escenario como nuestro país, donde los cambios políticos y sociales han sido tan diversos como sorprendentes, ha generado un pandemónium ridículo pero insoslayable, único y corriente, en el que debemos reparar si no queremos ser simples estadísticas de la democracia.

El texto de Hugo, que a mi juicio tiene en su rigor académico una de sus mayores limitantes, hace primero un repaso histórico de la radio, para después atender al periodista en sí y, a continuación, detallar la evolución política del país: el nacimiento de los partidos políticos, su auge y debacle, lo que dio pie a la aparición -se diría sistemáticamente- de movimientos regionales diversos, los cuales eran/son liderados por los denominados “caudillos” u otros personajes nacidos de y para la coyuntura.

El suyo es un libro breve, si consideramos que sustenta su tesis en su último capítulo, en donde analiza las respuestas de 16 entrevistados (entre periodistas y políticos), que revelan qué los motiva a conducirse de tal o cual modo en la escena puneña, con cuánta frecuencia y con qué fin.

Lo de la subjetividad del periodismo, de otra parte, es un tema del que los periodistas siempre hablaron y discutieron, aunque nunca con tanta franqueza ni apertura. Ese es, me parece, otro mérito del texto. Demás está decir, después, que el libro es en esencia subjetivo, por cuanto se origina de una investigación cualitativa, cosa que Hugo no tiene problemas en admitir.

En conjunto, sin embargo, creo que le faltó ahondar en muchos aspectos (por los que, pienso, su afán academicista fue contraproducente). Por ejemplo, apuntar eso que es bastante obvio: que la crisis de los medios de comunicación, el problema de su rentabilidad, originó en estos una suerte de transición empresarial (Bassets, 2013) que, a la postre, los obligó incluso a buscar financiamiento (en forma de publicidad) en los estamentos gubernamentales. La consecuencia de ello, naturalmente, fue que los medios, los “grandes” medios -más allá de su filiación política o línea editorial-, tomaran partido por determinados candidatos, a fin de asegurar su posterior producción periodística (léase pago de logística, de remuneraciones a los trabajadores, etc.).  

Asimismo, genera cierta desazón que no se mencione la relación demográfica-económica, que seguramente influyó en que el debate político se haya trasladado, en general, a los medios de comunicación y, en particular, a la radio. Para explicar esto, baste señalar que en Puno, en 1970, había 40 mil 453 habitantes, y que, de acuerdo al censo del 2007, esta cifra llega ahora a 125 mil 663; este abrumador crecimiento, que no fue acorde a la capacidad adquisitiva de la mayoría de los pobladores, seguramente tuvo algo que ver en la “necesidad” de los políticos de “hacer” preponderantes a los mass media. Luego habría que preguntarse, también, desde cuándo el espectro radioeléctrico alcanza todos los rincones de la región; esto, a efectos de comprender específicamente cuánto y cómo influyó la radio en sus escuchas. Lo de su importancia respecto de otros medios, en tanto, está fuera de discusión: la inmediatez en su transmisión la hace obligada referente (como lo está siendo ahora la internet), de la televisión y la prensa escrita.

Hay otros detalles que igualmente deben ser aclarados, aunque sean menores, como explicar mejor la crisis del Sistema de Partidos Políticos, cuyos problemas se debieron, además del descrédito de varios de los partidos existentes a lo largo de la historia del país, al pobre cambio generacional o la mediocre formación de los nuevos políticos.

O considerar, como decía García Márquez (1996), que “muchas de las transgresiones éticas, y otras tantas que envilecen y avergüenzan al periodismo de hoy, no son siempre por inmoralidad, sino también por falta de dominio profesional”; una inexperiencia que -salvando las distancias- quizás también toca a los políticos puneños.

Por último, y aunque esté fuera de lugar, debo señalar que “Amor a los Chicharrones”, merced a su rigor académico, se refiere estrictamente al papel de la radio en la región Puno, llegando a ser un trabajo “especializado” (en el sentido en que Ortega y Gasset lo entendía), por lo que obvia la aparición de la red de redes, como es llamada la internet, la cual tiene hoy -para decirlo alharacosamente- más importancia que todos los medios de comunicación tradicionales juntos.

Si ello no fuera así, entre otras cosas, se propondrían alternativas para devolverle “independencia” a los medios de comunicación (lo cual debe ser la utopía a perseguir), de manera que quienes se vean más beneficiados sean los pobladores de a pie, que casi siempre confían ciegamente en lo que se dice en los medios de comunicación. Jeff Jarvis (2015) ya señaló el camino, aunque someramente: “Debemos estudiar nuevas formas de rentabilidad en lo que probablemente serán empresas de información postmonopolio más pequeñas. Sobre todo, debemos centrarnos en dónde y cómo el periodismo aporta valor al conocimiento de una comunidad, y sólo entonces plantearnos cómo puede extraer valor para su sostenimiento”.

A pesar de todo, el libro de Hugo Supo es esperanzador, pues se trata de un periodista, como diría Hannah Arendt (2014), que pertenece “al terreno siempre sospechoso que se extiende entre lo intelectual y lo simplemente sensible”; y porque, hasta donde sé, el suyo es el primero en la región que nace de los avatares del periodismo.

Debo señalar, finalmente, un asunto de una mezquindad tal, que es natural que me lo achaquen duramente y que tiene que ver con el trabajo bibliotecológico: que la labor editorial de la UNA Puno, excepto en la impresión del libro, es pésima.

REFERENCIAS:

Sábato, E., (2002). La Resistencia. Buenos Aires, Argentina: Booket.

Arendt, H., (2014). Más allá de la filosofía. Escritos sobre cultura, arte y literatura. Madrid, España: Trotta.

Bassets, L. (2013). El último que apague la luz. Madrid, España: Taurus.

Jarvis, J. (2014). El fin de los medios de comunicación de masas, traducción de Jorge Paredes (2015). Barcelona, España: Centro Libros PAPF, S.

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