Artículos, La casa — 13 abril, 2017 at 12:30 pm

Carlos Oquendo de Amat, el poeta de la ternura

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La poesía en el Perú, luego de sus “5 metros de poemas”, nunca fue la misma. Y es que Carlos Oquendo de Amat, con esta genial obra, no solo innovó el panorama artístico de la época, sino que llegó a lo más íntimo del ser humano, desnudándolo y regalándole su propia sensibilidad.

“Tu bondad pintó el canto de los pájaros / y el mar venía lleno en tus palabras”, dice en uno de sus poemas, acaso revelando un tanto de él, que fue mucho en el poco tiempo que vivió. Su vida, que fue mítica según muchos estudiosos, estuvo siempre marcada por el desencuentro y la soledad.

El motivo es simple: no se comprometía a medias. Él era o no era. Es por eso que escribió tan poco. No obstante, nadie puede alegar que ya se ha dicho todo sobre él; quien lo haga, seguramente lo ha leído con mezquindad y estulticia. Porque a él hay que leerlo inocentemente, “como quien pela una fruta”.

Oquendo es la prueba fehaciente de que la magnificencia del poeta no se mide por las palabras que ha dicho o que ha escrito, sino por los sentimientos que el lector, de este o cualquier otro tiempo, siente al leerlas. Ahí radica su inmortalidad, su grandeza.

Si César Vallejo llega a nosotros a través del dolor y el sufrimiento, Carlos Oquendo de Amat lo hace mediante la ternura y la esperanza. Él, como el trujillano, nunca buscó la gloria; ocurre, simplemente, que su alma estaba muy ligada al verso, a la palabra, a la vida.

“Somos buenos / y nos pintaremos el alma de inteligentes”, escribió. ¿Hay que precisar, luego de ello, algo más sobre su punto de vista respecto a la razón? Oquendo, como se ve, amaba la verdad, pero esa verdad que no necesariamente tiene que ser razonable.

“El viento es una nave más”, dice en otro poema, con indulgencia y sobriedad inigualables; y más adelante: “Se prohíbe estar triste”.

Hay que leerlo, conocerlo, aprender de él. Luego diremos, repitiendo su poema más conocido: “Tuve miedo / y me regresé de la locura”.

De su vida, que fue corta, se puede decir lo siguiente: que ingresó a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de San Salvador, en 1922, y que conoció a grandes personalidades, como Xavier Abril, Jorge Basadre o Emilio Goyburú (quien realizó la ilustración de su poemario).

Asimismo, que sufrió persecución por sus ideas políticas, por las que fue encarcelado en 1929. Tiempo después, fundaría el partido marxista de Arequipa, junto al gran José Carlos Mariátegui. Unos años más tarde, en 1934, fue expulsado del país. Primero se refugió en Panamá, luego fue a Costa Rica, a México, Francia y finalmente llegó a España.

Hay que decirlo: Carlos Oquendo de Amat, recordado y admirado por brillantes personajes de la literatura contemporánea, como nuestro premio nobel Mario Vargas Llosa o el singular (y excepcional) Roberto Bolaño, goza hoy de una preeminencia propia de los artistas universales. Y lo hace con toda justicia.

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